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Notas sobre la poesía española a partir de 1939

 

Los inicios. Las distintas tendencias de la poesía de la posguerra
     Garcilaso
     Espadaña
     Cántico
     Postismo
     Blas de Otero
     José Hierro
La poesía de los años 50. Poesía Social
De los 50 a los 60: a superación de la poesía social
       Claudio Rodríguez

      Ángel González

Los novísimos. La ¿Generación del 68?
Poetas en los 70
Poesía actual. Poesía de la experiencia


 



Los inicios. Las distintas tendencias de la poesía de la posguerra

 

 El primer autor destacable de este período es Miguel Hernández, que comienza sus publicaciones en 1933 (Perito en Lunas) si bien escribe su obra capital, Cancionero y Romancero de Ausencias, en estos primeros años de posguerra.
 Una fecha clave es 1944. En este año se publican dos obras de capital importancia: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre. Los dos maestros reconocidos ejercerán el papel de guía.
 Las principales tendencias poéticas de la posguerra española se articulan en torno a cuatro revistas literarias:

 

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Garcilaso (1943) será la primera revista literaria importante de la posguerra española. En ella escribirán unos autores siguiendo una línea clásica (a imitación del poeta-guerrero, Garcilaso, que da nombre a la publicación). Utilizan moldes clásicos para una literatura clásica, de belleza formal, una poesía "bien hecha" y que, muy a menudo se desentiende de los problemas del hombre. Se habla de "poesía arraigada"  y se llama "garcilasistas" a estos autores que opinan que "el mundo está bien hecho". García Nieto (fundador de la revista), Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo y, sobre todos, Luis Rosales (La casa encendida, 1949 y 1967), serán los máximos exponentes de esta poesía. Se ha hablado de "la poesía de los vencedores". Esta revista tuvo un precedente en Escorial (1940). El Escorial era un símbolo: "religioso de oficio y militar de estructura: sereno, firme, armónico, sin cosa superflua, como un estado de piedra". Son reveladoras palabras de su creador, Ridruejo. No todo es triunfalismo y optimismo. También habrá dolor y tristezas, aunque expresadas con serenidad, con mesura. Los temas fundamentales son el amor, el paisaje (Castilla y el tema de España) y el sentimiento religioso (hacia un Dios que da sentido al mundo).

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Espadaña nace como respuesta a Garcilaso. Es una poesía rehumanizada, desarraigada (a veces con tonos cercanos al tremendismo), donde el Hombre (y sus tristes circunstancias) es el principal tema poético. También hay poemas religiosos, pero de una religión difícil y problemática, del hombre que se rebela y se enfrenta a un Dios que guarda silencio ante los problemas de la Humanidad. Las formas son más libres, menos clásicas (con honrosísimas excepciones); los poemas son más broncos; el estilo, más sencillo. Victoriano Crémer, Eugenio de Nora, Angela Figuera, Leopoldo de Luis, Gabriel Celaya y Blas de Otero son los principales representantes de esta línea.

  La poesía desarraigada parte del convencimiento de que el mundo "es un caos y una angustia, y la poesía una frenética búsqueda de ordenación y de ancla" (D.Alonso, que se autoincluye en el grupo de los poetas desarraigados; su libro Hijos de la ira impactó en 1944). Es esta una poesía existencial; el hombre está angustiado por el tiempo y la muerte. Y más en aquellos años: represión, injusticias, hambre... Todo ello nos llevará, posteriormente, a la poesía social.
  Garcilasistas y Espadañistas estaban más enfrentados en la teoría que en la práctica. Si estudiamos la nómina de autores que publican en ambas revistas, es prácticamente idéntica. La realidad nunca es tan simple ni tan fácilmente estructurable como pudiera parecer.

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Cántico (1947) es la revista de la poesía pura. Su nombre, muy significativo, procede de Guillén. Muy influidos por Cernuda. (intimismo; refinamiento) Pablo García Baena es el principal representante del grupo Cántico. El amor es el tema fundamental. Habitualmente se trata de amores prohibidos.



Postismo (1945).También hay lugar para las Vanguardias. Surge la revista Postismo que da nombre al último de todos los ismos. Se autodefine como el "surrealismo ibérico". Carlos Edmundo de Ory es su fundador. Se reivindica la libertad creativa, lo lúdico. Sólo se permitió un número. El movimiento no se estudiará y valorará en su plenitud hasta los años 70.



Blas de Otero

  Es el poeta más importante de la poesía desarraigada, y después lo será en sucesivos movimientos. En 1950 y 1951 publica Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, fundidos en 1958 en Ancia. El desarraigo es patente desde los primeros versos:

   Un mundo como un árbol desgajado.
   Una generación desarraigada.
   Unos hombres sin más destino que
   apuntalar las ruinas.

  Impresionan los poemas en los que Blas de Otero se interroga por el sentido de la existencia. El se sabe vivo y mortal a un tiempo, y con frecuencia se enfrenta a Dios pidiéndole respuestas. Pero Dios calla. El poeta clama a Dios y sólo escucha el silencio. Dos sonetos ("Hombre" y"Basta") son muy significativos:

  Hombre
   Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
   Oh Dios. Si he de morir quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
   Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
   Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Angel con grandes alas de cadenas!

Basta
   Imagine mi horror por un momento
que Dios, el solo vivo, no existiera,
o que, existiendo, sólo consistiera
en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.
   Y que la muerte, oh estremecimiento,
fuese el hueco sin luz de una escalera,
un colosal vacío que se hundiera
en un silencio desolado, liento.
   Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
de madre, a qué vidrieras, crucifijos
y todo lo demás? Basta la muerte.
   Basta. Termina, oh Dios, de malmatarnos.
O si no, déjanos precipitarnos
sobre Ti -ronco río que revierte.

  También trata el tema amoroso. El amor aparece como posibilidad de realización plena, de salvación ante la angustia.

      Cuerpo de la mujer, río de oro
   donde, hundidos los brazos, recibimos
   un relámpago azul, unos racimos,
   de luz rasgada en un frondor de oro.
      Cuerpo de la mujer o mar de oro
   donde, amando las manos, no sabemos
   si los senos son olas, si son remos
   los brazos, si son alas solas de oro...
      Cuerpo de la mujer, fuente de llanto
   donde, después de tanta luz, de tanto
   tacto sutil, de Tántalo es la pena.
      Suena la soledad de Dios. Sentimos
   la soledad de dos. Y una cadena
   que no suena, ancla en Dios almas y limos.

  También se anuncia, desde esta primera etapa, el paso del "yo al nosotros" que se producirá en la poesía española de los 50: "Cántico", "Canto primero", "Hijos de la tierra" y muchos otros poemas están en esta línea. Formalmente, es uno de los poetas que mejor domina la lengua literaria y todos sus recursos. Su estilo impresiona; cuida desde la fonética hasta el léxico. La perfección es muy alta. Es uno de los mejores poetas de nuestro siglo.

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José Hierro

 

  Imposible de encasillar, José Hierro es uno de los más significativos poetas españoles actuales. En mayor o menor medida, tiene poemas existenciales, sociales... pero nunca llega a identificarse totalmente con ninguna de estas líneas. Es un poeta tremendamente humano y de gran rigor artístico. Ganó el premio Adonáis en 1947. Sus poemas son de dos tipos: reportajes (visiones, testimonios directos) y alucinaciones (en los que "se habla vagamente de emociones"). En su obra se enfrentan el profundo amor a la vida y la conciencia del dolor y las limitaciones. Destaca su obra Alegría, y su poema "Fe de vida":

  Sé que el invierno está aquí,
  detrás de esa puerta. Sé
  que si ahora saliese fuera
  lo hallaría todo muerto,
  luchando por renacer.
  Sé que si busco una rama
  no la encontraré.
  Sé que si busco una mano
  que me salve del olvido
  no la encontraré.
  Sé que si busco al que fui
  no lo encontraré.

Pero estoy aquí. Me muevo,
vivo, Me llamo José
Hierro. Alegría. (alegría
que está caída a mis pies.)
Nada en orden. Todo roto,
a punto de ya no ser.

Pero toco la alegría,
porque aunque todo esté muerto
yo aún estoy vivo y lo sé.

 Sus dos últimas obras, Agenda (1990) y Cuadernos de Nueva York (1998) lo reafirmaron como uno de los poetas cimeros del siglo XX.

 

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La poesía de los años 50

 

  En los años 50, coincidiendo con la aparición de la novela social también surge la poesía social. En 1955 se publican Cantos iberos de Gabriel Celaya y Pido la paz y la palabra de Blas de Otero. Se advierte un paso de lo individual a lo colectivo, a lo social (ya anunciado antes en Otero). Se rechazan los problemas íntimos como tema poético; también se produce un rechazo del esteticismo (afortunadamente no en todos). El poeta debe dejar de lado sus problemas personales y comprometerse, tomar partido ante la situación  del momento. Se pretende crear una poesía para mayorías, una poesía clara, que llegue al pueblo. A veces se cae en el coloquialismo y en el prosaísmo. Muy significativo es el título de un poema de Pido la paz y la palabra: "A la inmensa mayoría". Celaya nos dirá que "la poesía es un arma cargada de futuro". Todo esto tendrá los límites que impone la censura. Blas de Otero publicó algunos libros en París por este motivo (En Castellano (1959) y Que trata de España (1964). Poco a poco estos autores descubrirán que la poesía no llega a la mayoría y reorientarán su tarea, buscando nuevos caminos estéticos.

 

 



 

La poesía de los 50 a los 60. La superación de la poesía social

 

 Un grupo de autores, surgidos en los años 50 dentro de la poesía social (se habla generalmente de "grupo de los 50", por ser en la segunda parte de esta década cuando se dan a conocer), se encargarán de renovar el ambiente poético: Ángel González, José Ángel Valente, Francisco Brines, Jaime Gil de Biedma y Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad). Especialmente destacables son estos dos últimos. La poesía en los 60 vuelve a preocuparse por el Hombre; se recuperan los tonos intimistas. Se rechaza el patetismo de la poesía anterior. Es una poesía inconformista y escéptica (dudan de la utilidad de la poesía para transformar el mundo). Prestan una gran atención a lo cotidiano. Se ha hablado de una "poesía de la experiencia". En general observamos una depuración estética y un mayor rigor poético, un esfuerzo por lograr una obra bien hecha, aunque no por ello se reniegue a veces del prosaísmo o del coloquialismo. Claudio Rodríguez nos dirá que el estilo es lo único realmente importante. Para él la poesía es una forma de conocimiento, de descubrir en la vida los sentidos más ricos e inesperados. En definitiva, asistimos a una reacción contra la poesía social. Un tema frecuente será la reflexión sobre el propio lenguaje. Las palabras habituales están gastadas y no se pueden volver a usar; ello es especialmente notorio en el tema amoroso. Son autores que buscan el poema bien hecho, y continúan en esta línea hasta nuestros días. Lo podemos observar en Prosemas o menos (1985) de Ángel González o en la obra de Claudio Rodríguez: Alianza y condena (1965) o El don de la ebriedad (libro que empezó a escribir con 17 años, en 1951).
 La crítica es prácticamente unánime al considerar esta promoción como un punto de giro en el curso poético español. Su actitud es de crítica y de extrañamiento a la vez, a través del humor o la ironía que evitan todo patetismo o adhesión sentimental a su clase, su país, su realidad, aunque también en su poesía tengan un lugar la evocación y la melancolía del tiempo y la fidelidad a la amistad. Se ha hablado de poesía "meditativa", como rasgo que más acerca a todos estos autores entre sí. La influencia de Luis Cernuda también es patente, sobre todo en los más jóvenes, Francisco Brines y Claudio Rodríguez.

 

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Claudio Rodríguez 

 

    Uno de los nombres más destacados en este período es el de Claudio Rodríguez, nacido en Zamora en 1934 y muerto en 1999. Su primera obra se publicó en 1953 y respondía al título de Don de la ebriedad. El libro fue premio Adonáis y destacó por su absoluta originalidad y su aparente inconexión con cualquier otro autor de nuestra literatura. En 1958 publicaba Conjuros, a la que siguen Alianza y condena (1965) y El vuelo de la celebración (1976), obras que le confirmaron como una de las voces líricas de mayor aliento de la España del medio siglo. Desde mi palabra (1983) es un libro que recopila toda su obra y con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Desde 1987 fue miembro de la Real Academia.

    Uno de los rasgos más destacados de su poesía es el empleo metafórico de los utensilios y objetos que nos rodean en la vida cotidiana; Carlos Bousoño señaló que corría un aire rural por sus versos. A través del campo el poeta se enlaza con la naturaleza en lo que sirve de expresión de la pureza, cualidad que también impregnará al campesino, por lo que su evocación implicará la solidaridad de Claudio Rodríguez con los demás hombres a la vez que un ansia incontenible de pureza. Tales características son permanentes en sus libros, hallando uno de sus más tempranos y hermosos ejemplos en éste de Don de la ebriedad:

Como si nunca hubiese sido mía

dad al aire mi voz y que en el aire

sea de todos y la sepan todos

igual que una mañana o una tarde.

Ni a la rama tan sólo abril acude

ni el agua espera sólo el estiaje.

¿Quién podría decir que es suyo el viento,

suya la luz, el canto de las aves

en el que esplende la estación, más cuando

llega la noche y en los chopos arde

tan peligrosamente retenida?

¡Que todo acabe aquí, que todo acabe

de una vez para siempre! La flor vive

tan bella porque vive poco tiempo

y, sin embargo, cómo se da, unánime,

dejando de ser flor y convirtiéndose

en ímpetu de entrega. Invierno, aunque

no esté detrás la primavera, saca

fuera de mí lo mío y hazme parte,

inútil polen que se pierde en tierra

pero ha sido de todos y de nadie.

Sobre el abierto páramo, el relente

es pinar en el pino, aire en el aire,

relente sólo para mi sequía.

Sobre la voz que va excavando un cauce

qué sacrilegio éste del cuerpo, éste

de no poder ser hostia para darse.

 

    Pero el espíritu de solidaridad surge la mayor parte de las veces como consecuencia de un sentimiento de soledad, como deseo, en parte, de romper el cerco de soledad que rodea al poeta. Así, en Alianza y condena aparece un poema titulado "Cielo", que evidencia este sentimiento en el autor, pues si empieza ya con el grito de la desilusión: "Ahora necesito más que nunca / mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie", concluye con la rotunda confesión: "Hoy necesito el cielo más que nunca. / No que me salve, sí que me acompañe." No parece exagerado, por lo tanto, el decir que Claudio Rodríguez puede ser un claro exponente de la generación a la que pertenece; una generación que se ha sentido distante a la anterior y de las sucesivas; que ha sufrido la pérdida de todos los ideales de su infancia y adolescencia; y que al mismo tiempo ha contemplado la deshumanización sistemática de la nueva sociedad; una generación, en fin, que se ha sentido sola y que por ello ansía amor, comunicación y fe.

 

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Ángel González

 

 Ángel González (Oviedo, 1925; Madrid, 2008) es otro de los grandes destacados del grupo de poetas que empezaron a publicar en los años 50; su primer libro apareció en 1956 con el título de Áspero mundo. Más tarde surgirían Sin esperanza, con convencimiento (1961), Grado Elemental (1962), Palabra sobre palabra (1965), Tratado de urbanismo (1967), Procedimientos narrativos (1972), Prosemas o menos (1985), Deixis en fantasma (1992) además de las recopilaciones que con el título de Palabra sobre palabra (1968, 1972, 1977, 1986) ha venido publicando. En el año 2000 publicó 101+19=120 poemas, antología personal que contiene algunos nuevos poemas de altísima calidad. También ha cultivado el ensayo, con lúcidos estudios sobre la generación del 27, y poetas como Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. En 1985 se le otorgó el premio Príncipe de Asturias de las letras y es miembro de la Real Academia desde 1996.

 

  En opinión de Luis García Montero, "Ángel González es uno de los poetas más representativos del grupo literario de los 50. En sus poemas pueden encontrarse las características más destacadas generalmente por la crítica: verso de experiencia, vocabulario riguroso encuadrado en jun tono de conversación, interés moral por el personaje protagonista de los poemas y toma de conciencia estética de una geografía urbana, sin duda el telón de fondo imprescindible para las situaciones y los sentimientos elaborados en los poemas" (Prólogo a 101+19=120 poemas; editorial Visor, 2000)

  

    Desde su época inicial encontramos en la poesía de González un cierto y amargo cansancio, producido por la desilusión, evidenciado en "Te tuve", por ejemplo:

Te tuve

cuando eras

dulce,

acariciado mundo.

Realidad casi nube,

¡cómo te me volaste de los brazos!

Ahora te siento nuevamente.

No por tu luz, sino por tu corteza,

percibo tu inequívoca

presencia

... agrios perfiles, duros meridianos,

¡áspero mundo para mis dos manos!

    En las palabras que, bajo el epígrafe "poesía y compromiso", escribió para la antología Poesía última, decía:

"La poesía, como obra del hombre y para el hombre, está sujeta a tantos cambios y mudanzas como el hombre mismo. La Historia de la poesía, la Historia de la literatura, no es más que un fragmento de la Historia, que siempre es del hombre. A veces se omite este hecho, o no se destaca lo suficiente, y se pretende analizar históricamente la poesía, presentándola como un desarrollo que obedece a leyes internas, propias, desarraigándola, en la medida de lo posible, de la actividad humana, o al menos de ciertos aspectos de la actividad humana: las condiciones sociales y económicas en las que esa actividad se manifiesta, la filosofía, etc."

    Su producción poética íntimamente ligada en sus inicios a los problemas sociales de sus coetáneos, nos ofrecerá, unas veces, la ironía; otras, el dolor. Pero en ambas ocasiones su actitud será pausada, tal vez por el hastío al que ha llegado, en vez de combativa. Tal es lo que hallamos en "Aquí, Madrid, mil novecientos...", de Áspero mundo; en "Sé lo que esperar", de Sin esperanza, con convencimiento; en la "Nota necrológica", de Grado elemental, o en "Lecciones de buen amor", del Tratado de urbanismo.

    Al leer a Ángel González percibimos una nítida denuncia, pero no ya de la injusticia o de la sociedad, sino de toda una vida, organizada de tal modo que no puede por menos de presentarse carente de sentido alguno. El poeta se siente solo, sin un Dios que dé sentido a su vida, en una casi peremne amargura:

"[...]Pero alguien

envenenó las fuentes 

de mi vida, y mi corazón es 

pasión inútil, odio 

ciego, amor desorbitado, 

crisol donde se funden 

contradicciones con contradicciones.

 

Y mi voluntad sigue, 

inútilmente,

empeñada en la lucha más terrible:

vivir lo mismo que si tú existieras.". 

    En otros casos, Ángel González se deja llevar por el prodigio de la palabra para construir hermosos poemas cargados de sutileza en ingenio, como "Calambur":

La axila vegetal, la piel de leche,

espumosa y floral, desnuda y sola,

niegas tu cuerpo al mar, ola tras ola,

y lo entregas al sol: que le aproveche.

 

La pupila de Dios, dulce y piadosa,

dora esta hora de otoño larga y cálida,

y bajo su mirada tu piel pálida

pasa de rosa blanca a rosa rosa.

 

Me siento dios por un instante: os veo

a él, a ti, al mar, la luz, la tarde.

Todo lo que contemplo vibra y arde,

y mi deseo se cumple en mi deseo:

 

dore mi sol así las olas y la

espuma que en tu cuerpo canta y canta

-mas por tus senos que por tu garganta-

do re mi sol la si la sol la si la.

 

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La ¿generación del 68? Los Novísimos

 

     José María Castellet publica en 1970 la antología Nueve novísimos poetas españoles. De ahí procede el nombre. Hoy se incluyen otros autores. Los más significativos son Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Pedro Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix o Vicente Molina Foix.
     Estos autores aporten una nueva sensibilidad; su educación incluye elementos nuevos: cine, tebeos, nuevas músicas (jazz, pop). Son frecuentes sus viajes al extranjero. Admiran a Aleixandre, Cernuda; redescubren al grupo Cántico y al Postismo. Rechazan la poesía social. Su formación intelectual es muy amplia. Esto marca algunos de sus poemas (se ha hablado de "culturalismo").

    Preside esta poesía un íntimo malestar vital. Otras veces, la poesía se vuelve frívola; otras, sarcástica. Lo importante, desde el punto de vista poético, es el estilo: "poetizar es ante todo un problema de estilo", nos dirá Carnero. No es el tema lo que hace literaria una obra, sino el estilo. Para renovar el lenguaje poético vuelven sus ojos al surrealismo. Crean una poesía con frecuencia hermética, de gran dificultad de lectura. Gimferrer es el más significativo (en su obra en castellano). A los veinte años obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Arde el mar (1966): surrealismo, culturalismo, riqueza imaginativa, culto a la palabra, dominio del ritmo. Muy famosa es su "Oda a Venecia ante el mar de los teatros" Su segunda obra es Muerte en Beverly Hills (1968), muy influida por las técnicas cinematográficas.
     Según la crítica, las características de este grupo se pueden resumir así:

 -Preocupación máxima por el lenguaje y por el poema como creación autónoma.
-Esteticismo (en lo que enlazan con el grupo Cántico y los del 27), revalorizando lo lujoso, decadente, al mismo tiempo que lo lúdico. Este esteticismo se relaciona con el culturalismo y el exotismo de que hacen gala.
-Sus poemas a veces se presentan como literatura de la literatura: citas, referencias intertextuales, variaciones...
-La presencia de los mass media como referente cultural y fuente de mitos populares en los que inspirarse o a los que tergiversar. El cine enseña también una forma de mirar la realidad y de componer los poemas.
-Uso frecuente de procedimientos experimentales: ruptura del verso, disposición gráfica no normal, supresión de signos de puntuación, collages con textos, refranes, recortes de anuncios...
-Presencia del surrealismo; recuperación de los valores irracionales del lenguaje. Gusto por la sorpresa y lo inusitado.

     Muchos de estos autores llegan a separar completamente realidad y poesía; se proclama la autonomía del mundo poético respecto de cualquier referente externo. El más claro  ejemplo es la multitud de poemas de metapoesía.
     Dentro de este grupo podemos distinguir dos líneas

a) Autores que comienzan a escribir en los inicios de la década de los 60. Muy influidos por la cultura pop. (Vázquez Montalbán, A la sombra de las muchachas sin flor, 1971, sería un buen exponente de esta línea)
b) Una segunda Generación que se da a conocer en los años finales de la década o ya en los 70, influidos por el decadentismo de Kavafis. Son más esteticistas. Citemos a Guillermo Carnero (Dibujo de la muerte, 1967; su esteticismo se puede resumir en uno de sus versos: "raso amarillo a cambio de mi vida") o a Antonio Colinas (Sepulcro en Tarquinia).

 Como rasgos generales, podemos destacar la importancia de la ironía y el carácter rompedor. Admiten en lo poético una nueva imaginería que va desde Mickey Mouse hasta Humphrey Bogart. Son autores que se abren a la cultura foránea (la mayoría son, al menos, trilingües) y realizan estudios en el extranjero. Se proponen romper la estructura rítmica de los poemas. Para ellos no hay alta o baja cultura, sino simplemente conocimientos que se pueden usar en el poema.

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Poetas en los 70

 

 Señalemos algunos nombres, los más significativos: Antonio Colinas, Antonio Carvajal, José Miguel Ullán, Jenaro Talens, Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena. Hay diversas tendencias:

-Experimentalismo (Ullán): poemas vanguardistas, collages, poemas visuales...
-Culturalismo (Colinas): influencia del mundo clásico grecolatino. El poeta manifiesta un vasto dominio cultural.
-Clasicismo (De Cuenca, Siles, Villena): vuelta a moldes estróficos clásicos (sonetos, endecasílabos). Influjo de autores renacentistas.
-Neobarroquismo (Carvajal)
-Metapoesía (Talens): poesía sobre la poesía.
-Minimalismo: la estética de lo cotidiano, de lo mínimo. Antirretoricismo.
-Poética del silencio (Valente, Siles, Jover): hablar por hablar para callar lo único importante, lo que el hombre busca pero ignora.

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Y en la actualidad...

 

 -Persiste la poesía cultista de Carvajal y Villena. Luis Martínez de Merlo se incorpora en esta línea. Carvajal publica en 1998 su último libro, Alma región luciente, calificada por García de la Concha como "obra de plenitud".
 -Poesía crítica: Jon Juaristi.
 -El minimalismo y la poesía conceptual continúa en Andrés Sánchez Robayna o Julia Castillo.
 -En una línea surrealista se encuentra Blanca Andreu.
 -Poesía de la experiencia realizan Andrés Trapiello, Justo Navarro, Luisa Castro, Luis García Montero (Diario cómplice, 1987) o Felipe Benítez Reyes. Es, en nuestros días, una de las líneas más cultivadas, la que más premios poéticos acapara. Se basa esta poesía en los recuerdos de la infancia o adolescencia, con unos temas y un lenguaje siempre apegados a la realidad. Frente al pop de los novísimos, que consideran demasiado trivial, vuelven sus ojos a la infancia, a los orígenes; realizarán una poesía que ha sido definida como lárica (del latín LARES). Son poetas que cuidan el lenguaje, sin que ello se convierta en una obsesión.

 De estos últimos poetas, destacamos a Felipe Benítez Reyes. Nacido en Rota (Cádiz), en 1960; ganador de importantes premios poéticos (Luis Cernuda, Ojo Crítico, Fundación Loewe, Nacional de la Crítica en 1994; Nacional de Poesía en 1996). Sus obras más conocidas como poeta son Los vanos mundos, La mala compañía, Sombras particulares y las dos últimas, Vidas improbables (1994) y Equipaje abierto (1996).  En la primera de ellas, el autor crea una serie de apócrifos que manifiestan divesos tipos de poesías (tradicional, culta, vanguardista, de la experiencia...), mostrando un hábil dominio de los diversos registros, con frecuencia con un alto grado de ironía. Equipaje abierto nos presenta las reflexiones del autor tras regresar de su viaje por la vida. Los poemas suponen un "pequeño catálogo de ruinas".