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La Generación del 14

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Novecentismo o Generación del 14. Algunas ideas.

 

Introducción
Nómina
Ideología
Estética
Ortega y Gasset
La novela novecentista
    Wenceslao Fernández Flores
    Benjamín Jarnés
    Ramón Gómez de la  Serna
    Gabriel Miró
    Ramón Pérez de Ayala

 



 

Introducción

    Pasados los primeros años del siglo XX comienza a surgir una nueva generación de escritores con una sensibilidad distinta y unos enfoques intelectuales más rigurosos que los hombres del 98. La crítica ha denominado a este nuevo grupo los "novecentistas", término acuñado por Eugenio D'Ors, o Generación de 1914, por el nexo que supone para ellos la primera guerra mundial.

    El grupo está formado por una serie de pensadores, novelistas y poetas, entre los que destacan José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró.

    Tanto la generación del 98 como la del 14 comparten preocupaciones y convicciones frente al ochocientos y, más concretamente, frente a la Restauración. Pero a finales de la primera década del presente siglo las primitivas pequeñas disenciones entre ambos grupos comienzan a convertirse en grandes diferencias. Ortega declara superada la época del nietzscheanismo puro; combate a Maeztu y a Unamuno. Se declara abiertamente en contra de la insociabilidad en la lectura moral de Baroja.

    La nueva actitud novecentista se observa claramente en Pérez de Ayala, que deja a un lado la denuncia y el lamento y se propone actuar de una manera práctica. Los componentes de esta generación son conscientes del papel político que debe desempeñar la intelectualidad, tanto en la investigación de la realidad del país como en la defensa del avance liberal.

    Resulta muy significativo el discurso de Ortega en el Teatro de la Comedia, en marzo de 1914, a modo de presentación de la nueva generación, que se define sin ambiciones personales, austera, privada de maestros hispánicos, nacida a la reflexión de 1898 y desde entonces triste, pero sin concesiones a los tópicos del patriotismo.Uma generación, en suma, que no gritará y que piensa en primer lugar en las minorías. Tendencias similares se dan en Francia, Inglaterra, Alemania e Italia: se trata de la ascensión de las élites intelectuales juveniles al poder y la denuncia de la "literatura caduca" y de la "política de los viejos".

    El postulado vital de esta generación, enunciado por Ortega, sostiene que hay que emprender una cultura biológica, con sentido deportivo y festival de la vida. Este vitalismo se ve presente en los miebros de esta generación: Miró, D'Ors, Pérez de Ayala y, muy especialmente, Gómez de la Serna. El vitalismo es proyectado sobre el tema que más perocupa a los novecentistas: el Tema de España. "Hay que rehacer la Historia de españa hasta en sus últimos postulados". En esta línea trabajan Américo Castro, Madariaga, Sánchez Albornoz, Marañón...

    Los novecentistas no tienen como meta la transformación política del país (a la que, sin embargo, también prestarán atención), sino la mutación del individuo, siendo imprescindible para ello una amplia formación estética; de ahí la perocupación de esta generación por los temas literarios; sus disquisiciones sobre los géneros y sobre el arte en general; sus intentos de encontrar nuevas formas de novela y poesía, la búsqueda incesante de nuevos lenguajes...

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Nómina

     Groso modo, podemos establecer la siguiente nómina:

-Pensadores:

José Ortega y Gasset

Eugenio D'Ors

Manuel Azaña

-Novelistas:

Ramón Pérez de Ayala

Gabriel Miró

Ramón Gómez de la Serna

Wenceslao Fernández Flores

Benjamín Jarnés

    Por su intelectualismo e interés por el lenguaje, también podemos incluir aquí a Juan Ramón Jiménez.

Estos autores no forman, sin embargo, un grupo compacto. Podemos hablar de un "clima intelectual distinto" (Tuñón). Díaz Plaja define el novecentismo mediante dos negaciones:
-Lo que no es ni Modernismo ni Noventayocho
-Lo que no es todavía Vanguardia (a veces, muy difícil de delimitar).
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Ideología

- Reformismo burgués en lo político

- Búsqueda de un nuevo tipo de intelectual, con una sólida preparación universitaria.

- Reacción contra actitudes decimonónicas, incluyendo en el XIX a noventayochistas y modernistas.

- Europeísmo, frente el casticismo del 98

- Elitismo.

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Estética

- Antirromanticismo. Fervor por lo clásico

- Huida del sentimentalismo.

- Pulcritud, distanciamiento, equilibrio ("deshumanización")

- Literatura para minorías.

- Intelectualismo.

- Búsqueda del "arte puro".

- Preocupación por el lenguaje (que es lo que más une entre sí a los novecentistas, lo que permite hablar de ellos como grupo). Se huye de lo fácil, de la monotonía. se busca la "obra bien hecha".

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José Ortega y Gasset

    No podemos entrar a estudiar con detenimiento a esta figura, uno de los principales pensadores de nuestro siglo. Fundó, entre otras la Revista de Occidente, tribuna de la intelectualidad española. También participó activamente en la formación de la "Liga de Educación Política" y, junto a Pérez de Ayala y Marañón, en la "Agrupación al Servicio de la República".

    Nos interesa destacar, muy brevemente, sus ideas acerca del arte, ideas que tendrán bastante repercusión en la literatura de su época. Estas teorías están expuestas, principalmente, en su libro La deshumanización del Arte. Esta obra pretende realizar una descripción fenomenológica de la Vanguardia en España. El arte moderno, nos dice, "no sólo es impopular, sino que es también antipopular; siempre tendrá a las masas en contra". El arte moderno divide a los receptores en minoría-élite capaz de entenderlo y gustarlo y mayoría incapacitada. Esta mayoría aboga por el arte del siglo XIX, arte puramente referencial. La minoría, por contra, encuentra el arte anterior demasiado humano; se le debe despojar de su humanidad. Ortega llama la atención sobre nuestro "asco a lo humano en el arte", como en las figuras de cera. Ese acto, explica, es "un respeto a la vida y una repugnancia a verla confundida con el arte, con una cosa tan subalterna como es el arte". Lo que intenta el arte moderno es colocar al arte en el lugar que le corresponde, no ya por encima de la vida, sino subordinado a ella. Así, la vida deja de vivirse como algo subordinado a otra cosa, ya sea el arte, la ciencia o el estado.
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La Novela Novecentista

    En un principio podemos distinguir dos grupos de escritores en esta época: los que siguen escribiendo en una línea cercana a la del realismo decimonónico y los que realizan una narrativa innovadora, algunos de los cuales entroncarán con las Vanguardias.

    Nos interesa aquí destacar a los escritores de esta segunda línea. Y entre ellos los principales serán Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró. Gran influencia tendrá la figura de Ramón Gómez de la Serna, pero más en el terreno de la poesía. Todos estos autores suponen una superación de los patrones o esquemas narrativos anteriores (la eterna lucha del escritor, huir de la monotonía y la repetición) aunque cada uno por un camino distinto: el lirismo (Gabriel Miró), la ironía o el humor (Ramón Gómez de la Serna, Wenceslao Fernández Flores), el intelectualismo (Pérez de Ayala) o la deshumanización.

Wenceslao Fernández Flores

    Es uno de los denominados "novelistas menores" de esta generación, debido a la "mala prensa" que tiene la literatura humorística, subgénero literario rara vez valorado. Ideológicamente era conservador a la vez que escéptico con las creencias tradicionales, ideas ambas difícilmente compatibles pero que, sin embargo, se dan en este autor.
     Merecen destacarse obras como Volvoreta (1917), sentimental e irónica, de las más logradas, o El secreto de Barba Azul (1923). Las siete columnas (1926) es una ingeniosa sátira de los "pecados" de la sociedad. Los hombres consiguen que el demonio destruya los siete pecados capitales, y los efectos son terribles: sin avaricia nadie desea trabajar; sin lujuria disminuyen los índices de natalidad; sin soberbia nadie lucha por mejorar... Ante este panorama se pide al diablo que devuelva a la Humanidad los siete pecados capitales, convertidos así en las siete columnas que dan título a la obra. El bosque animado (1943) es su última obra importante. Se desarrolla en una "fraga' o bosque gallego y es destacable por su belleza y por el lirismo de su prosa. Podemos considerarlo como un claro precedente del Realismo mágico hispanoamericano, que cuenta con otros antecesores entre los autores gallegos (así, Gonzalo Torrente Ballester)

Benjamín Jarnés

    Benjamín Jarnés es otro de los novelistas injustamente olvidados de esta generación. Comienza su obra con El profesor inútil (1926), novela de escasa acción, con más interés por sus intelectualismo y su lirismo. La misma línea sigue en otras obras como Locura o muerte de nadie (1929). Se propuso "elevar el nivel del arte por los arduos caminos de la inteligencia, por los delgados caminos de la sensibilidad".

    Su producción literaria se halla ya muy próxima a las inquietudes del 27.

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Ramón Gómez de la Serna (1988-1963)

    Ha sido considerado, y no sin razón, el "padre de la Vanguardia en España". Su importancia dentro de la evolución de la literatura española de este siglo es vital. Su concepción estética y sus "greguerías" son imprescindibles para la formación de la imaginería de la Generación del 27. Se ha dicho que sin Ramón no se explicaría la metáfora del 27, procedente de sus greguerías.

    Su vida y obra son una constante ruptura con lo establecido, con las convenciones. Da conferencias vestido de torero o celebrar banquetes en quirófanos fueron algunas de sus excentricidades. Este carácter excéntrico caracteriza también su literatura.  

    La base de su producción es la greguería, frase o apunte breve que encierra una pirueta verbal o una metáfora insólita: "Humorismo + Metáfora = Greguería".
    Como novelista Ramón rompe los moldes del género. En sus obras cabe de todo. La más famosa es El torero Caracho (1927). No podemos olvidar El Novelista (1924), historia de un autor en busca de motivos para sus novelas, que supone un tremendo derroche de argumentos y de imaginación. El doctor inverosímil (1921) narra la historia de un médico que cura con chistes.
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Gabriel Miró (1879-1930)

    Es uno de los autores fundamentales de la Generación del 14. La crítica lo ha considerado como epígono del 98, como autor del 14, como cubista... el "rótulo" que mejor le va es el de experimentador, y por su cuidado por la expresión, por la palabra y por los nuevos caminos que abre lo podemos considerar autor del 14. Es un estilista exquisito, a veces incomprendido, ya que se encara su obra desde la óptica de la novela tradicional, a la que supera continuamente. Fue descalificado por el mismo Ortega y Gasset, y, sin duda, esta opinión ha pesado mucho.
    Destaca Miró por su temperamento voluptuoso, por su sensibilidad exacerbada y por su excepcional capacidad de captar sensaciones: luz y color, aromas, sonidos, colores... Debido a su lirismo Dámaso Alonso lo denominó "gran poeta en prosa". su dominio del lenguaje es absoluto. La belleza formal es lo que prevalece en sus obras, pasando la acción a ser algo secundario.
    Sobresalen, asímismo, sus obras Nuestro Padre San Daniel (1921), y El obispo leproso (1926), que forman un bloque.  Transcurren en Oleza (trasunto de Orihuela), representación de un mundo nebuloso, casi desaparecido, que el autor pretende rescatar. La acción es mínima. Lo fundamental es la creación de ambientes y de personajes. Miró aspira a captar la vida monótona y asfixiante de una comunidad cerrada. En la obra se desarrolla un enfrentamiento entre los que viven dominados por la idea del pecado y los que están abiertos a la felicidad y al disfrute humanos. Los primeros reprimen toda alegría por ser pecaminosa; sólo la amargura es hija de la virtud. Miró critica la tragedia de las personas que tienen este sistema de valores. Pero es una crítica indirecta, que se desprende de los acontecimientos. En la obra se oye siempre la voz impasible del narrador, que rara vez realiza juicios de valor. Por eso estas obras han sido malinterpretadas.

 Las cerezas del cementerio (1910) y El abuelo del rey (1915) son otras obras importantes.

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Ramón Pérez de Ayala (1880-1962)

    Estamos ante el más claro representante de la novela intelectual. Nació en Oviedo; estudió con los jesuitas, cuyo influjo le marcó negativamente en lo religioso pero positivamente en cuanto a su formación intelectual, sobre todo su conocimiento de la antiguedad clásica. En 1928 fue nombrado miembro de la Real Academia. 
    Su primera obra es lírica, La paz del sendero, pero su fama le llegará como novelista, terreno en el que logra sus éxitos principales. Comienza escribiendo en una estética noventayochista para pasar después a la novela "intelectual". A. Amorós divide su obra en tres etapas:
1) Tetralogía que narra la vida de Alberto Díaz de Guzmán, personaje barojiano, "alter ego" del autor. Tinieblas en las cumbres (1907) es la primera de las cuatro, obra de excesiva artificiosidad. A.M.D.G. es la segunda, de marcado acento antijesuítico. La Pata de la raposa (1912) es menos humorística. Es también biográfica y es el estudio de una mente torturada, un viaje intelectual en busca de identidad. Troteras y danzaderas (1913) completa la tretalogía. Aparece en ella una visión de la bohemia literaria del Madrid de principios de siglo, con alusiones a personajes reales.  Pérez de Ayala pretende en estas obras "reflejar la crisis de la conciencia hispánica desde principios de este siglo". La crítica está dividida al enjuiciar este objetivo ayalino: para Amorós, Pérez de Ayala sólo consigue reflejar crisis individuales.  Para otros, sí refleja la crisis general.
2) "Novelas poemáticas de la vida española", publicadas en 1916 en un solo volumen formado por tres relatos. Desaparece lo autobiográfico y ganan terreno las ideas. Están considerads como novelas "puente" entre las dos etapas principales.
3)En 1921 comienza su última y más lograda etapa. La acción disminuye; los personajes encarnan ideas o actitudes vitales. Abundan las disquisiciones sobre política, moral, estética. En ellas se intenta buscar una armonía o principio ordenador de un universo de contrarios. Estructuralmente las obras se basan en un relativismo perspectivista: la realidad se bifurca; de todo se nos da dos visiones. Su mejor obra, quizás, es Belarmino y Apolonio (1921). Es la historia de amor fustrado entre dos jóvenes que debieron separarse en su juventud. Se reencuentran al cabo del tiempo. El es un sacerdote, ella una prostituta. Pero los auténticos protagonistas son Belarmino y Apolonio, zapateros, padres de los dos amantes. El uno, filósofo. El otro, dramaturgo. Cada uno encarna una visión distinta del mundo. De cada hecho se nos dan dos visiones: es el método perspectivista. Para Pérez de Ayala la mayor verdad será la que contenga el mayor número posible de puntos de vista. Al final se produce la reconciliación entre personajes y estructuras.
    En el terreno de la técnica, el perspectivsmo es la principal aportación de Pérez de Ayala. Bifurcación de la realidad, de los capítulos, de las columnas de texto. En cuanto a su estilo, es denso, con una hábil mezcla de ironía y gravedad, así como de palabras cultas y populares, siempre intentando conseguir una precisa transcripción de su pensamiento, de sus paradojas, de su complejidad.